Cuadernos Universitarios. Publicaciones AcadC)micas de la Universidad CatC3lica de Salta (Argentina), nC:m. 13, 2020
e-ISSN 2250-7132
CC
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Abstract

EspaC1ol

El presente ensayo tiene como finalidad hacer un repaso del estudio formal de las Relaciones Internacionales como disciplina cientC-fica desde su emergencia bhace mC!s de una centuriab intentando reflejar cC3mo los debates en torno a su objeto, metodologC-a y opciones teC3ricas han incidido en la estructuraciC3n de su currC-cula, generC!ndose asC- una situaciC3n paradC3jica; pues esto, a la vez que avivC3 su estudio y reflexiC3n crC-tica fue, en cierto punto, un obstC!culo para su consolidaciC3n. Como toda ciencia social, las Relaciones Internacionales estC!n histC3rica y geogrC!ficamente situadas, es por ello que los contextos no pueden eludirse a la hora de realizar un abordaje de esta problemC!tica. Como el contexto internacional es altamente dinC!mico y cambiante, se resalta la necesidad de acompaC1ar esa particularidad tanto administrativa, pedagC3gica y didC!cticamente.

Palabras clave: disciplina - objeto de estudio - relaciones internacionales - transdisciplinariedad

English

The present essay aims to review the formal study of International Relations as a scientific discipline from its emergency bmore than a century agob trying to reflect how the debates around its object, methodology and theoretical options have influenced the structuring of its curriculum, thus generating a paradoxical situation; since this, at the same time that it revived its study and critical reflection was, at a certain point, an obstacle for its consolidation. Like all social sciences, International Relations are historically and geographically situated, which is why contexts cannot be avoided when addressing this problem. As the international context is highly dynamic and changing, it is very important to accompany this particularity both administratively and pedagogically, and also didactically.

Keywords: discipline - object of study - international relations - transdisciplinarity

Ensayo cientC-fico

Citar: Toledo, V. F. (2020). El estudio de las Relaciones Internacionales a cien aC1os de su creaciC3n como disciplina cientC-fica. Cuadernos Universitarios, 13, pp. 99-108.

Surgimiento de la disciplina

En diferentes textos de estudio de las Relaciones Internacionales2, es comC:n encontrar referencias a la afirmaciC3n de que se trata de una disciplina novel en el campo de las ciencias sociales, aunque su existencia como teorC-a sea bastante antigua. Eso es cierto, aunque en 2019 haya cumplido una centuria. El comienzo y posterior desarrollo de las Relaciones Internacionales como disciplina autC3noma, que realiza un estudio de manera sistemC!tica y que posee un objeto de estudio propio y mC)todos para abordarlo, tiene su acta de nacimiento con la creaciC3n de la cC!tedra Woodrow Wilson en Relaciones Internacionales en la Universidad de Gales (en Aberystwyth). En rigor, tenemos que aclarar que ya en el aC1o 1900 habC-a aparecido en Estados Unidos, por primera vez, una obra de Relaciones Internacionales en sentido propio, se trataba de PolC-tica mundial a fines del siglo XIX, escrita por Paul Reinsch. MC!s tarde, en 1916, en Londres, se publicC3 una obra colectiva denominada IntroducciC3n al estudio de las Relaciones Internacionales (Del Arenal, 2000, pp. 62-63), con lo cual puede asegurarse que, pese a los obstC!culos, el camino hacia las Relaciones Internacionales como disciplina cientC-fica autC)ntica ya estaba trazado. El Carnegie Endowment for International Peace (Fondo Carnegie para la Paz Internacional), en 1910, y el World Peace Forum (Foro por la Paz Mundial), imbuidos del pensamiento pacifista de principios de siglo, fueron las primeras asociaciones que impulsaron el surgimiento de las Relaciones Internacionales (BarbC), 1995, pp. 29-30).

En 1919 apreciC3 la primera cC!tedra en la materia, que, como ya se dijo, fue el punto de arranque formal, mC!s allC! que algunos autores prefieran situarlo en 1922, cuando, tambiC)n en la Universidad de Gales, se creC3 la primera cC!tedra con carC!cter permanente. Al aC1o siguiente, en la London School of Economics, se estableciC3 la cC!tedra denominada La Naturaleza de las Relaciones Internacionales.

Como puede verse, el contexto para que ello sucediese era propicio, pues Europa salC-a de una guerra atroz con proyecciC3n internacional, por primera vez en la historia se estaba asistiendo a la creaciC3n de una sociedad de naciones con pretensiones de establecer un mecanismo de seguridad colectiva, y Estados Unidos se constituC-a como un actor de primer orden al dejar de lado su doctrina de esplC)ndido aislamiento3. Era lC3gico, entonces, que las primeras indagaciones que se hicieran sobre las Relaciones Internacionales estuviesen ligadas a las cuestiones de la guerra y de la paz. Por supuesto, se tuvo que transitar un largo camino para la conformaciC3n de las Relaciones Internacionales como un campo de estudio autC3nomo. La Historia, el Derecho Internacional, la Diplomacia, la Ciencia PolC-tica, la SociologC-a y la EconomC-a, en la medida en que se ocuparon de las cuestiones relacionadas con las que estudia la disciplina, habC-an trazado ese camino. Hasta los aC1os 90 del siglo XX se podC-a decir que la autonomC-a de las Relaciones Internacionales estaba cuestionada y era terreno comC:n encontrar, en congresos o simposios, alguna mesa temC!tica o alguna ponencia sobre la B+autonomC-aB; de las Relaciones Internacionales. Afortunadamente esto ya no sucede, aunque no quiere decir que haya desaparecido completamente del espectro acadC)mico.

Sin embargo, el objeto de este artC-culo no es focalizar en los antecedentes remotos ni en los mC!s inmediatos de esta disciplina; sino analizar, desde 1919 hasta aquC-, quC) ha pasado con ella y cC3mo se han transmitido sus conocimientos.

Sabemos que como tal estudia al sistema internacional, o a la sociedad internacional o a la comunidad internacional bdepende del enfoque de cada autorb y que ese objeto de estudio es altamente dinC!mico. Se han escrito innumerables pC!ginas sobre del dinamismo y la imprevisibilidad de esta disciplina. Ahora bien, el modo de estudiarla, su contenido, B?ha evolucionado de la misma manera?

En una disciplina dentro de la cual sus estudiosos no coinciden acerca de su objeto de estudio (sociedad, comunidad o sistema internacional4), tampoco en su metodologC-a (sincrC3nica o diacrC3nica; con datos duros o blandos, o enfocada en fenC3menos de micro o macronivel) ni en su para quC) (comprender lo local en el marco internacional o comprender lo internacional a partir de particularidades locales). Todo ello demuestra, por un lado, su riqueza, y por otro pone de manifiesto la necesidad de contar con un abordaje mC!s sistematizado y que cuente con una currC-cula acorde con el dinamismo de la disciplina.

Disciplina a contracorriente

Una de las particularidades fundamentales de las Relaciones Internacionales ha sido la de remar en contra de la tendencia acadC)mica de sus pares de las ciencias sociales. El imperativo cientC-fico-disciplinar del positivismo del siglo XIX impregnC3 fuertemente todas las C!reas de estudio y junto con C)l la exigencia de especializaciC3n de las ciencias. El ideal renacentista del genio universal que sabC-a B+de todoB; quedC3 superado por la RevoluciC3n Industrial y los nuevos descubrimientos en los diferentes campos del saber. Se hacC-a imposible que una persona, que un cientC-fico, desde una sola disciplina, conociera acerca de todo. Y la misma mirada, o el mismo criterio, se aplicC3 a los saberes hacia dentro de una disciplina. El mC)dico tenC-a que especializarse, el abogado tenC-a que hacerlo, el biC3logo tambiC)n. HabC-a que ser especialistas en algo. En ese contexto, bajo ese imperativo, emergieron las Relaciones Internacionales como una disciplina que estudiaba un objeto de estudio particular desde diferentes C3pticas. El especialista en Relaciones Internacionales tenC-a que tener conocimientos de Ciencia PolC-tica, de Derecho, de EconomC-a, de SociologC-a, etc. TenC-a que ser, pues, un B+todistaB;. Por supuesto que abrirse paso desde esa postura no le ha sido sencillo, pues de allC- arrancan las crC-ticas a los egresados de esta carrera como profesionales que abarcan mucho pero profundizan poco. Es por esto que cobran fuerza algunas propuestas u opciones de abordar lo internacional desde otras disciplinas (la Historia, el Derecho, la Ciencia PolC-tica, entre otras). Esta lC3gica conduce a afirmar que si todos los fenC3menos actuales son internacionales, si todo es internacional, todos estC!n capacitados para estudiar la realidad internacional y pueden ser, por lo tanto, internacionalistas.

El tC)rmino B+internacionalistaB; merece un pC!rrafo aparte. Como tal, resulta interesante, es agradable al oC-do, pero tambiC)n altamente impreciso. Como adjetivo, dice la Real Academia EspaC1ola, se refiere a un B+partidario del internacionalismoB;, o sea, a una persona B+versada en el derecho internacionalB; [sic]. Si profundizamos nuestra bC:squeda y nos preguntamos quC) es el internacionalismo, encontraremos que es definido como B+(b&) una doctrina o actitud que antepone lo internacional a lo nacional o una ideologC-a bla socialistab que preconiza la asociaciC3n internacional de los obreros para obtener ciertas reivindicacionesB;. En definitiva, desde esta perspectiva, quien se asuma como internacionalista, a) se reconocerC-a como versado/a en el Derecho Internacional, b) tendrC-a que abrazar el ideario socialista, y c) quedarC-an al margen quienes estudian lo internacional desde la perspectiva o desde la formaciC3n en nacionalismo, o desde su defensa. En C)pocas en la que la autopercepciC3n parece imponerse, quizC!s la discusiC3n sea menor, pero parece mC!s acertada la denominaciC3n tradicional by quizC!s conservadorab de licenciado en Relaciones Internacionales.

En este punto se hace necesario reflexionar sobre el planteo de la enseC1anza de la disciplina en cuanto tal. La necesidad de estructurar planes de estudio y contenidos especC-ficos que indaguen el objeto de estudio desde la mirada de las Relaciones Internacionales, a su vez con el apoyo de otras disciplinas, requiere la articulaciC3n vertical y horizontal de la caja curricular, sus contenidos mC-nimos y los objetivos propuestos, teniendo en la mira las competencias con las que se quiere formar a los futuros egresados.

Una segunda cuestiC3n que marca un nacimiento a contracorriente de la disciplina es la metodologC-a. El positivismo ha dominado el espectro de la exigencia metodolC3gica en el siglo XIX y claramente durante la primera mitad del siglo XX. Por consiguiente, se insistiC3 en la necesidad de la explicaciC3n, de la comprobaciC3n cuantitativa, de la causalidad, de la formulaciC3n de leyes. En ese marco dominante, los estudios en relaciones internacionales se edificaron con base en una corriente interpretativa, crC-tica, que daba mC!s importancia a la comprensiC3n que a la explicaciC3n, y en cuyo seno la cuantificaciC3n carecC-a de sentido. Cuando en el campo general de las ciencias sociales empezC3 a abrirse y a ganar peso la corriente interpretativa y constructivista, a partir de la Segunda Guerra Mundial, en las Relaciones Internacionales irrumpieron con fuerza los estudios cuantitativos-explicativos, dando origen al segundo debate, es decir, el metodolC3gico. Enfrascados en una autC)ntica batalla entre enfoques tradicionalistas, que afirman que C:nicamente se puede estudiar a las Relaciones Internacionales apelando a la historia e interpretC!ndola en funciC3n de las necesidades y realidades actuales, y los cientificistas, que sostienen que solo hay avances en tanto y en cuanto se puedan generar modelos abstractos que midan y sustenten empC-ricamente cualquier afirmaciC3n, los estudiosos de las relaciones internacionales demoraron su consolidaciC3n como disciplina. El segundo debate en Relaciones Internacionales, enmarcado en los aC1os 50 y 60 del siglo XX, no fue C:nicamente formal, pues la observaciC3n del objeto de estudio estC! enraizada en el cC3mo se lo observarC!. Puede afirmarse que, con el paso del tiempo, existe una menor polarizaciC3n entre ambas perspectivas, pero claramente no hay una sC-ntesis o unificaciC3n entre ambas (Dougherty y Platzgraff, 1993, p. 39).

Este segundo debate no deberC-a ser considerado como meramente formalista sino que deberC-a ser tenido muy en cuenta a la hora de la enseC1anza de una metodologC-a de la investigaciC3n acorde con las particularidades del objeto y de lo que se necesita abordar de ese objeto en esta disciplina. SerC-a impreciso identificar lo cualitativo con el enfoque tradicionalista y lo cuantitativo con el enfoque cientificista, pues este C:ltimo tiene como eje, en rigor, al behaviorismo (o teorC-a del comportamiento) (Del Arenal, 2000, p. 114). En cambio, resulta atinado tomar sus reflexiones, crC-ticas y propuestas como mecanismos que necesitan complementarse en aras de llegar a descubrimientos y afirmaciones relevantes y respaldadas con datos.

Los C)nfasis

El desarrollo de una disciplina no estC! aislado del contexto en el que se desenvuelve. Los cien aC1os de esta disciplina lo demuestran claramente y los C)nfasis que se han realizado en cuanto al estudio del objeto de la disciplina tambiC)n.

La EconomC-a es un claro ejemplo de ello. Como una actividad cientC-fica puede decirse que se origina en la InvestigaciC3n sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones, obra de Adam Smith. Lo que Smith planteaba es que las polC-ticas mercantilistas que se aplicaban, donde el interC)s estaba centrado en acumular oro, exportar lo mC!s posible y cerrar las puertas a las importaciones, no generaban beneficios. ProponC-a que las naciones se beneficiarC-an mutuamente con el libre comercio, en virtud del cual cada una aprovecharC-a sus ventajas comparativas, abriendo el camino hacia el liberalismo, junto con figuras como las de David Ricardo y John Stuart Mill. Estas ideas fueron precursoras de las teorC-as liberales en Relaciones Internacionales, en la medida en que entendC-an que el comercio internacional favorecerC-a a la paz (Waltz, 1959, pp. 129-130). TambiC)n el marxismo hizo de la EconomC-a un eje central en las Relaciones Internacionales. Distintas teorC-as se nutrieron de sus ideas para estudiar las relaciones internacionales. Las teorC-as imperialistas de Rosa Luxemburgo, la de Lenin, la teorC-a de la dependencia, la del sistema mundo, los estudios sobre el desarrollo y subdesarrollo, entre otras. En realidad, todas las teorC-as contenidas en el paradigma estructuralista ponen el acento en cuestiones econC3micas para entender el objeto de estudio postulado (BarbC), 1995, p. 69). No es casual que la primera obra contemporC!nea sobre relaciones internacionales, abordada desde la perspectiva de las Relaciones Internacionales, sea el libro de Carr, The Twenty Yearsb Crisis, que analiza las relaciones internacionales en el contexto de la crisis de 1929-1930. En dicha obra, el autor afirma que B+el pensamiento polC-tico es en sC- mismo una forma de acciC3n polC-tica. La ciencia polC-tica no solo es la ciencia de lo que es, sino tambiC)n de lo que deberC-a ser5B; (Carr, 2004, p. 37).

Ahora bien, las Relaciones Internacionales adquirieron la categorC-a de disciplina cientC-fica en el transcurso de la Guerra FrC-a, ante todo gracias a los aportes del realismo y neorrealismo. De manera tal que las Relaciones Internacionales estuvieron empapadas de las categorC-as conceptuales y de las preocupaciones de este perC-odo histC3rico, es decir, por la guerra, la seguridad y la carrera armamentista. En ese marco, la EconomC-a pasC3 a otro plano en el estudio y anC!lisis. A medida que avanzaba el siglo XX, los Estados dejaron de ser considerados como los C:nicos actores internacionales, y las organizaciones multinacionales y las corporaciones transnacionales adquirieron mayor peso en la toma de decisiones internacionales. AsC-, mientras que el realismo clC!sico dejC3 de lado a la EconomC-a a la hora de teorizar sobre las Relaciones Internacionales, el neorrealismo tuvo que darle cabida en su complejo teC3rico. Es mC!s, para hacerle frente emergiC3 el paradigma trasnacionalista.

A fines de la dC)cada del 70 del siglo XX, con la crisis energC)tica que sacudiC3 a todo el mundo, se introdujo la nociC3n de EconomC-a PolC-tica Internacional (EPI), impulsada por Susan Strange6. Tras la finalizaciC3n de la Guerra FrC-a y la aceleraciC3n de la globalizaciC3n, se observa cC3mo varias corrientes teC3ricas hacen pie en cuestiones econC3micas (Toledo, 2006, p. 54), lo que impactC3 fuertemente en los planes de estudio y carreras de posgrado.

AsC- como la referencia a la EconomC-a es innegable, tambiC)n lo es a la Ciencia PolC-tica, disciplina que por mucho tiempo acaparC3 a las Relaciones Internacionales en su C)gida. El estudio del poder y la utilizaciC3n de la terminologC-a PolC-tica Internacional es muestra de ello. En ese sentido, el realismo clC!sico ha sido fundamental, particularmente al trazar la clara distinciC3n entre la polC-tica interna y la internacional, como disciplinas que van por carriles diferentes y que no obedecen a la misma lC3gica. Una vez mC!s, la aceleraciC3n de la globalizaciC3n ha cambiado esta concepciC3n. La glocalizaciC3n, palabra con la que Ullrich Beck alude a la coexistencia, interrelaciC3n y conflicto entre lo global y lo local (1998, p. 77) obliga a que las Relaciones Internacionales como disciplina, para poder analizar los fenC3menos globales, tengan que comprender los locales. En la actualidad es imposible bo, en todo caso, contraproducenteb concebir a nuestra disciplina exclusivamente desde lo internacional. FenC3menos como el Brexit no se pueden analizar en toda su complejidad si se omiten las particularidades locales del Reino Unido, su sistema polC-tico, la composiciC3n de la sociedad, el voto rural, etc. Tampoco se lo puede analizar solo desde lo interno sin indagar sobre el funcionamiento de la UniC3n Europea, las resistencias a la integraciC3n, el nuevo escenario internacional y el ascenso de los nacionalismos.

Especial C)nfasis quiero hacer sobre la GeopolC-tica. Los primeros estudios de Relaciones Internacionales estaban empapados de los aportes de esa disciplina. La Segunda Guerra Mundial y su asociaciC3n con el nazismo produjo, por un tiempo, una suerte de ocultamiento de esta disciplina como tal en los estudios internacionales. Pero, aunque sin nombrarla, el realismo y neorrealismo jamC!s dejaron de considerar sus aportes para los estudios internacionales. A partir de los aC1os 60 y 70 volviC3 a formalizarse su inclusiC3n. En nuestro paC-s pasC3 algo similar en los aC1os 80 y 90. La asociaciC3n de los estudios geopolC-ticos con la C:ltima dictadura militar hizo que este tC)rmino fuera obviado o ignorado por mucho tiempo. Pero lo peor fue que no solo se ocultC3 el tC)rmino, sino que los estudios geopolC-ticos disminuyeron y la mirada de los asuntos desde esta C3ptica tendiC3 a desaparecer, lo que constituye una falencia grave en la proyecciC3n de un paC-s.

Estos C)nfasis se evidencian en los planes de estudios de las carreras de licenciaturas en Relaciones Internacionales en el paC-s. Un estudio realizado por Federico Merke (2005) que data del aC1o 2005 pone de relieve que, en tC)rminos generales, el mayor C)nfasis estC! en lo que denomina el B+nC:cleo duroB; de la disciplina (p. 19), seguido de la EconomC-a, la Ciencia PolC-tica, la Historia y el Derecho.

A la hora de analizar los perfiles de egresados, en las diecinueve universidades que brindan la carrera, destaca que en la mayorC-a de los casos hay un perfil enfocado en las Relaciones Internacionales y luego acompaC1ado por la EconomC-a, las ciencias jurC-dicas, la Ciencia PolC-tica y la Historia, con mayor o menor C)nfasis (Merke, 2005, pp. 21-23.).

Ahora bien, como el mismo autor afirma:

El problema central que se observa no reside en las orientaciones que cada universidad le da a la carrera. No hay nada negativo en ofrecer una buena cantidad de seminarios de historia o privilegiar la economC-a antes que el derecho. Son decisiones que toma cada universidad en funciC3n de sus intereses, sus valores y de los conocimientos disponibles entre sus profesores. El problema reside en la ausencia de un conjunto de materias que sean vistas como un nC:cleo duro que no puede ser soslayado. En este sentido, la discusiC3n no pasa por discutir si se dicta mC!s o menos historia, mC!s o menos derecho sino por discutir la cantidad y calidad de los cursos de Relaciones Internacionales que deberC-an ser centrales a todas las carreras. (Merke, 2005, p. 23. Cursivas del original).

Un estudio mC!s pormenorizado acerca de los programas de cada materia, la bibliografC-a seleccionada, el plantel docente, podrC-a dar, eventualmente, otra perspectiva sobre los perfiles. TambiC)n serC-a interesante indagar sobre el currC-culum oculto. En el trabajo de Merke se llama la atenciC3n acerca de la poca oferta sobre el tema de seguridad internacional y destaca los casos de la Universidad CatC3lica de Salta, de la Universidad CatC3lica de La Plata y del Instituto Universitario PolicC-a Federal Argentina, que cuentan con materias como Estrategia, GeopolC-tica o Seguridad (2005, p. 21). B?Por quC) esa ausencia? La decisiC3n de lo que se enseC1a implica, a la vez, una decisiC3n acerca de lo que no se enseC1a, intencional o intencionalmente. No debe olvidarse que el currC-culum ejerce una funciC3n B+reguladoraB; del contenido y que a la vez B+(b&) delimita los territorios de las asignaturas y especialidadesB; (SacristC!n, 2010, p. 24).

Camino a la transdisciplinariedad

Ester BarbC) destaca un pasaje de la obra de Quincy Wright en la que escribiC3 que:

Las relaciones internacionales, en cuanto disciplina que contribuye a la comprensiC3n, predicciC3n, valoraciC3n y control de las relaciones entre los Estados y de las condiciones de la comunidad universal es, al mismo tiempo, una historia, una ciencia, una filosofC-a y un arte. (Quincy Wright en BarbC), 1995, p. 27).

Esta cita conduce al tema de la transdisciplinariedad de las Relaciones Internacionales. La transdisiplinariedad implica que las Relaciones Internaciones tienen una autonomC-a propia y un objeto de estudio propio y, desde su especificidad, atraviesan diversas disciplinas cientC-ficas de las cuales se sirven para poder realizar el abordaje de su objeto de estudio.

Es decir que las Relaciones Internacionales no son, como disciplina, meramente auxiliares de otras ciencias sociales; pero tampoco hay fundamentos para pretender hacer de las otras ciencias, disciplinas cientC-ficas, auxiliares de ella (Toledo, 2006, p. 64). Lo que serC-a mutuamente beneficioso es cumplir la funciC3n de disciplinas auxiliares unas de otras para una mejor comprensiC3n de los fenC3menos que estudian.

En ese sentido, en nuestro C!mbito, las Relaciones Internacionales deberC-an atravesar a las otras disciplinas desde su especificidad, cuyo eje se vertebra blo que no quiere decir que se agoteb aC:n hoy en la Diplomacia.

A lo largo del tiempo se ha observado un avance hacia una concepciC3n mC!s flexible de la diplomacia y no solo por la irrupciC3n de la paradiplomacia, que todavC-a genera ciertos debates terminolC3gicos, sino porque otros agentes no pC:blicos buscan impulsar la actividad diplomC!tica desde la esfera de sus campos de acciC3n.

Por citar, existen dos casos que estC!n teniendo cada vez mC!s predicamento. Alejo Antonio Jaime habla de la diplomacia de las organizaciones no gubernamentales (ONG), haciendo hincapiC) fundamentalmente en los grupos antiglobalizaciC3n y los movimientos indigenistas (2019, pp. 241-258). Otro caso es la diplomacia cientC-fica, tecnolC3gica y de la innovaciC3n, no como protesta sino como camino para la soluciC3n de problemas que aquejan al sistema internacional: medio ambiente, proliferaciC3n nuclear o seguridad cibernC)tica, por ejemplo. Esto ya no es terreno exclusivo de lo acadC)mico, sino que hay C!reas en las cancillerC-as de los paC-ses desarrollados que incorporan a la dimensiC3n cientC-fica y la tecnolC3gica, y hay informes de Gobierno, como el de EspaC1a, sobre la diplomacia cientC-fica, y talleres e iniciativas a nivel internacional. B?QuC) pasa en los paC-ses perifC)ricos como el nuestro? B?Se estC! trabajando en estos temas? B?Los planes de estudio de la carrera lo contemplan?

Otro tema, por ejemplo, la diplomacia del Twitter, o de las redes sociales. Esto ha puesto en perspectiva la necesidad de incorporar estudios de las comunicaciones sociales. Ciertamente, en el estudio las Relaciones Internacionales desde los aC1os 50 del siglo XX se emplean teorC-as de las comunicaciones, pero no anC!lisis de los medios de comunicaciC3n desde la C3ptica de las Relaciones Internacionales. B?En dC3nde estC!n estos temas en los estudios de la disciplina?

Conclusiones

A lo largo del artC-culo se ha intentado reflejar cC3mo el objeto de estudio de las Relaciones Internacionales y las discusiones y debates generados en torno a C)l incidieron decisivamente en la enseC1anza de la disciplina. Se ha tratado de mostrar el hecho de que los contextos en los que surgiC3 han sido fundamentales en su estructuraciC3n y, al mismo tiempo, que han conformado anclas que han sido difC-ciles de levantar para incluir nuevos contenidos acordes con la dinC!mica propia de las relaciones internacionales como actividad que despliegan los actores internacionales.

En el caso particular de la Argentina, tomando como eje el trabajo de Federico Merke, se observC3 que aC:n es dC)bil la orientaciC3n hacia el nC:cleo duro de la disciplina, y que suele compartir espacio con otras disciplinas en los planes de estudios y en los perfiles de graduados pretendidos. Esta dependencia de miradas y enfoques incide inclusive en el tratamiento bibliogrC!fico y en la edificaciC3n de sus contenidos, pues por lo general la estructuraciC3n de las carreras de Relaciones Internacionales muestra una fuerte impronta de las escuelas europeas, pero la bibliografC-a predominante en materia de teorC-a de las Relaciones Internacionales es estadounidense (Toledo, 2006, p. 16).

Muchos de los debates surgidos a raC-z del estudio de las Relaciones Internacionales estC!n arraigados en la concepciC3n adoptada, ya sea como interdisciplinaria o multidisciplinaria. Ambas opciones conducen, en no pocas ocasiones, a desdibujar su esencia y a enfrascarse en interminables debates acerca de sus formalidades, metodologC-as, denominaciones y perspectivas, pero pocas veces en cuanto a sus contenidos. Resaltar su carC!cter transdisciplinario, en cambio, implica subrayar que hay una mirada especC-fica de las Relaciones Internacionales que atraviesa a las otras disciplinas y que ese enfoque debe acompaC1ar al dinamismo de los fenC3menos que aborda.

Es necesario pensar en una flexibilizaciC3n de los contenidos, en formas de estructuraciC3n mC!s dinC!micas y menos anquilosadas de nuestra disciplina. Constituye un desafC-o realmente grande y constituye una obligaciC3n acompaC1ar esos cambios con planes de estudio y contenidos acordes.

Referencias bibliogrC!ficas

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  1. Universidad CatC3lica de Salta. Licenciado y Profesor Universitario en Relaciones Internacionales, egresado de la Universidad CatC3lica de Salta (UCASAL). Magister en AdministraciC3n de Negocios por la UCASAL. Maestrando en Ciencia, TecnologC-a y Sociedad (Universidad Virtual de Quilmes). Docente en las facultades de Ciencias JurC-dicas, EconomC-a y AdministraciC3n y Artes y Ciencias de la UCASAL. Miembro del Instituto de Derecho Internacional de la UCASAL, del Instituto de Relaciones Internacionales y Ciencia PolC-tica de la UCASAL y de la AsociaciC3n Argentina de Derecho Internacional. Investigador Independiente B+BB; de la UCASAL. vtoledo@ucasal.edu.ar .b)

  2. En este artC-culo, el tC)rmino Relaciones Internacionales figura en mayC:sculas para referirse a la disciplina y en minC:sculas para referirse a la actividad..b)

  3. Doctrina que establecC-a la no intervenciC3n estadounidense en los conflictos externos en general y europeos, en particular.b)

  4. Sobre el debate en cuanto al objeto de estudio de la disciplina, vC)ase Toledo, V. F., IntroducciC3n al estudio de las relaciones internacionales, Salta: EUCASA, pp. 32-42.b)

  5. Carr denomina a la disciplina como Ciencia de la PolC-tica Internacional.b)

  6. VC)ase Smouts, M. C. (1998). Les nouvelles relations internationales. Pratiques et theories. ParC-s: Presses de Sciences Po, p. 9. Disponible en: http://polcul.xoc.uam.mx/bb)

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